Con el ancla puesta hasta el 2017:

Para sorpresa de todo el mercado, el Banco Central (BCRA) mantuvo la tasa de interés de las Lebac a 35 días en el entorno del 30,25 por ciento. Días atrás, se había especulado que, ante la baja de la inflación revelada en el último indicador, el BCRA iba a bajar la tasa en línea con la disminución de la inflación.

Pero en la última licitación de Lebac que realizó el BCRA, las tasas de corte se ubicaron en 30,25% para 35 días; a 63 días, la tasa se ubicó en el entorno del 28%, mientras que para períodos largos (252 días) la tasa de corte fue de 26,95 por ciento.

Por el otro lado, el nivel de propuesta alcanzó un valor nominal de 64.690 millones de pesos y se terminó adjudicando 64.680 millones, cifra que supone un incremento en la colocación, ya que el stock de Lebac a renovar rondaba en los 64 mil millones de pesos.

Esto muestra signos de que, si bien la inflación comenzó a revertir su tendencia alcista, aún es una gran preocupación para la autoridad monetaria, que espera que la economía se desacelere todavía más antes de bajar la tasa. Situación que se puede transformar en socialmente dolorosa si el nivel de actividad sigue cayendo.

De hecho, las estimaciones sobre el nivel del PBI para 2016 ronda en una caída cercana al dos por ciento. Si bien desde el Ministerio de Economía las estimaciones son positivas para el 2017 y prevén un crecimiento del tres al cuatro por ciento, consideran que el techo de la meta de inflación, del 17% para el año que viene, es alcanzable, lo que podría producir un manejo de la política monetaria más laxo y así permitir una caída en las tasas de interés.

Frente a esto, el dólar se negocia estable en el entorno de 14,85 pesos por dólar. Aunque tuvo alguna turbulencia frente al Brexit, fue mucho menos de lo esperado, ya que el efecto económico y político resultó menor a la expectativa.

Luego de eso, la tendencia del tipo de cambio es a volver a su nivel normal y empieza a ser una preocupación si la apreciación que sufre el peso no va a comenzar a erosionar la competitividad de los productos argentinos, lo que nos coloca en la situación de diciembre pasado. Creo que el objetivo es evitar esto con la deceleración de la inflación en los próximos períodos.

Resta ver cómo se va a ver afectado el tipo de cambio frente a la próxima entrada de divisas procedentes del blanqueo de capitales y si esta entrada de dólares va a planchar mucho más el tipo de cambio, lo que sin duda reavivará el fantasma anterior.

Como conclusión, podemos decir que, en el corto plazo, la economía va a seguir con el nivel de tasas lo suficientemente alto como para frenar todavía más la economía. Si bien se cree que para el próximo año la expectativa inflacionaria será diferente, aún no está del todo claro cuál es el rango al cual apunta el Gobierno. Desde algunas fuentes se estipula que el nivel de inflación objetivo está en el 1,5% mensual para el último trimestre del año. Sin duda, es un objetivo todavía alto, por lo que podríamos esperar que la baja de las tasas empezara un poco más allá de enero de 2017.

Es imperioso levantar el ancla (tasa de interés) para retomar así la senda del crecimiento económico, y sobre todo volver a tener niveles de inversión que generen actividad económica y así produzcan una mejora en el bolsillo de la gente.

Hoy, a niveles tan altos, es casi imposible obtener capitales que permitan materializar inversiones y, con ello, nuevos puestos de trabajo. Al mismo tiempo, dado el bajo nivel de actividad económica, la suba de las tarifas y la falta de capital hace estragos en las pequeñas y medianas empresas, que emplean al 80% de los trabajadores, y no tienen el margen de maniobra suficiente como sí tienen otras empresas, que pueden optar por mercados multinacionales para buscar fondos con menores costos que los mercados locales.

http://www.infobae.com/opinion/2016/07/15/con-el-ancla-puesta-hasta-el-2017/

Y un día llegó el segundo semestre:

Llega el segundo semestre y todas las miradas parecen estar puestas en el futuro económico del país. Desde el pasado 10 de diciembre, la economía argentina vive el logro de objetivos con razonable éxito y sufre por la coyuntura restante aún no solucionada o, como le gusta decir al Gobierno, sin normalizar.

Durante el primer semestre del año, el gabinete económico logró salir con éxito del cepo cambiario, solucionar el problema del default de la deuda, normalizar las reservas cambiarias, y corregir y mantener un tipo de cambio estable. Por el contrario, no consiguió bajar la inflación, sino, por el contrario, con el aumento del tipo de cambio, con el fuerte incremento en los servicios, aceleró el proceso inflacionario, proceso que parece estar comenzando a desacelerarse luego de una caída fuerte en el nivel de actividad.

Entonces, con este panorama ya analizado, ¿qué podemos esperar para el segundo semestre? Sin duda, es toda una incógnita. Por un lado, desde el Gobierno siempre se dijo que el segundo semestre iba a ser el semestre en el que entrarían dólares suficientes para que la economía retomara el rumbo del crecimiento y el desarrollo económicos. Y, en concordancia con esto, un empresario la semana pasada me preguntaba: “¿Vació la pileta para que se llene con los dólares que van a llover?” Y la verdad es que, con la coyuntura actual y con la tendencia de esta, me parece que la entrada de dólares, la tan ansiada entrada de dólares para inversión, infraestructura y otros recién se podría empezar a ver a principio del año que viene.

De hecho, la tendencia actual es que la caída de la actividad económica se profundice y las estimaciones más optimistas indican que el nivel de crecimiento de la economía va a estar en el entorno del uno por ciento. Pero eso no es todo: la coyuntura económica internacional tampoco ayuda. La crisis política y económica del país hermano, Brasil, locomotora del Mercosur, sufre una desaceleración de su demanda, lo que lleva a que los excedentes industriales de su propio mercado interno estén empezando a ser colocados acá, en el país, lo que sin duda acrecienta la oferta de productos y lleva a una mayor caída de la industria nacional.

El otro tema a tener en cuanta es si el tipo de cambio se encuentra otra vez retrasado como consecuencia del incremento sostenido del tipo de cambio. No creo que el dólar vaya a subir sustancialmente en el próximo semestre, es más, lo veo estabilizado en el entorno de los 16 pesos por dólares, ya que el Banco Central ha logrado, en los últimos tiempos, frenar la presión sobre este y también pudo restablecer un cierto nivel de reservas con la entrada de dólares de las exportaciones del campo.

Una situación exógena que puede llevar a la economía y, sobre todo, complicar el mercado cambiario es que los Estados Unidos incrementen la tasa de interés de referencia de su economía, lo que sin duda va a ser una enorme aspiradora de dólares desde todos los rincones del mundo y ello presionaría al tipo de cambio a una situación alcista. Esto va a comenzar a clarificarse en el cortísimo plazo, ya que la próxima reunión de la Federal Reserve (FED, también conocida como Reserva Federal de los Estados Unidos) está prevista para dentro de 15 días.

Por último, la inflación se vio ampliamente acelerada por la corrección el tipo de cambio y por la suba de los servicios públicos, que impactaron fuerte en la corrección de los precios. Si bien en los primeros meses del año, y como consecuencia de lo expuesto anteriormente, se tuvieron picos mensuales de 7%, mientras que el último cálculo se muestra en el entorno del 2,5%, lo que, en forma anualizada, hasta fin de año estaría en el orden del 25 por ciento.

Como conclusión, el objetivo de normalizar y mantener los niveles de inflación comienza a ser alcanzado. Aún falta, pero el problema parece estar dentro de los límites propuesto por el gabinete económico. Pero todavía es necesario que la gente, que el individuo económico sienta en su bolsillo las mejoras económicas. Y eso no se va a ver hasta que la economía restablezca su nivel de actividad y para ello falta que la economía solucione y sobre todo frene la entrada de productos desde Brasil.

Al mismo tiempo, hay que bajar aún más las tasas para que la economía vuelva a tener crédito y que el sector inmobiliario y de la construcción tengan actividad y puedan generar trabajo. Y por último, se requiere que se lance de una vez por todas el tan ansiado plan de infraestructura, que, junto con la reactivación de la construcción, generaría nuevos puestos de trabajo y mejora en los salarios, lo que posibilitaría que el ciudadano viera y sintiera la mejora.

Brexit y sus consecuencias impensadas

El próximo 23 de junio, el Reino Unido decidirá si sigue o no en la Unión Europea; los inversores ya empiezan a anticiparse al peor de los escenarios. Pero la mayor preocupación en Europa es que no sólo el Reino Unido tome esta decisión, sino que muchos países que hoy forman parte de la unión puedan, en el corto plazo, tomar la misma vía de negociación con Bruselas.

Según indican diferentes fuentes británicas: “La salida del Reino Unido provocaría efecto dominó en países como Suecia, Dinamarca o los Países Bajos, que exigirían con más fuerza y frecuencia un referendo sobre la permanencia en la Unión Europea” y, además de esto, cabe recordar que, desde el año pasado, Grecia, entre otros países, viene barajando esta posibilidad dada la profunda crisis económica que vive el país helénico.

Sin duda, una salida de la Unión Europea no solucionaría una crisis económica, sí sería un duro golpe para la economía de aquellos países que salgan. Si tomamos el primero de estos ejemplos, Gran Bretaña sufriría una fuerte contracción de su economía si el 23 junio se confirmara la salida de la Unión Europea. De hecho, los inversores institucionales europeos y extra europeos se están anticipando y están corrigiendo su participación en empresas británicas previendo el Brexit.

En cuanto a la economía real, se espera que, de producirse esta salida, Gran Bretaña perdería alrededor de 950 mil empleos para el 2020, lo que incrementaría la tasa de desempleo en un 3%, aproximadamente. Por su parte, el PBI británico se contraería en un 5% para el mismo período de tiempo, lo que supondría una fuerte tormenta para el nivel de actividad económica de Gran Bretaña y una caída de la demanda dada el aumento en los niveles de desempleo.

El ministro de Finanzas británico, George Osborne, hizo público esta semana: “Tendrán que subir mucho las cargas impositivas o recortar en servicios públicos como educación, sanidad o el presupuesto de defensa”. Además, agregó: “En caso de Brexit, nos despertaríamos en menos de una semana sin un plan de viabilidad económica, con una profunda inestabilidad financiera y años de incertidumbre, en los que tendrás que apretarte el cinturón. El país no será capaz de mantener la calidad de los servicios públicos actuales”.

Los recortes anunciados esta semana, en caso de producirse el Brexit, serían de 30 mil millones de libras en el independiente Instituto de Estudios Fiscales. Para hacer frente, el impuesto a la renta subiría dos puntos, hasta el 22%, y el IVA se incrementaría del 40% hasta el 43%; las cargas fiscales sobre las herencias y las transmisiones patrimoniales también subirían, así como las del alcohol y el petróleo. El ministro también prevé un recorte en torno al 5% en el gasto para policía y transportes.

Como conclusión, sólo resta preguntarse si el efecto probable de la consulta que se está por llevar a cabo no es la salida per se de esos países, sino más bien una puerta a una negociación política profunda de los términos de cooperación y la relación entre el poder político de la Unión Europea ubicado en Bruselas y el Reino Unido, a fin de restablecer y dinamizar la economía de la unión.

Sin lugar a duda, una salida fáctica de Gran Bretaña sería impensada, ya que, de ganar la decisión de salir de la Unión, Reino Unido y Europa se sumergirían en una crisis económica cuyas consecuencias descritas anteriormente no sólo se van a sentir en Gran Bretaña, sino que el efecto derrame que la crisis tendría sobre Europa sería fuerte.

http://www.infobae.com/opinion/2016/06/18/brexit-y-sus-consecuencias-impensadas/

Vuelo con turbulencia para las pymes:

El camino que se comenzó a transitar el pasado 10 de diciembre, desde que comenzó el actual mandato, hace recordar a la incertidumbre que se vive en un avión ante cada zona de turbulencia. La coyuntura económica heredada y posterior a la devaluación no hace más que generar turbulencia sobre el futuro económico argentino.

Si bien se procedió a la desactivación de los distintos procesos que distorsionaban el desarrollo normal de la economía, falta hacer que los individuos y la industria sientan una mejora económica que les permita recuperar la confianza, apuntalar el crecimiento y mejorar su desarrollo.

La caída de la actividad comercial y la inflación se vieron aceleradas por el incremento en los servicios públicos, los combustibles y los alimentos, dada la corrección de los precios relativos de estos productos. De hecho, aun cuando no existen mediciones nacionales fehacientes, se cree que la inflación anual estimada por el Gobierno en un 25% ya se quedó corta y es de esperar que, de no corregir su trayectoria, la inflación anual se sitúe en el entorno del 40 por ciento.

Al mismo tiempo, el Banco Central (BCRA) sigue convalidando tasas de interés en un promedio del 38% para la licitación de lebac de esta semana, con la finalidad de mantener o disminuir la presión sobre el tipo de cambio y ponerle un ancla a la inflación. De hecho, dentro de este aspecto, hay fuertes discusiones en el seno del Gobierno sobre si es correcto bajar las tasas de interés con la finalidad de lograr una reactivación parcial de la economía o si seguir en este proceso.No creo que en el corto plazo el BCRA baje las tasas, ya que, de hacerlo, aceleraría todavía más la inflación que en abril del presente año se ubicó en un siete por ciento.

¿Pero vamos por el camino correcto? Es de esperar que en los próximos meses se comience a desacelerar la inflación. La caída de la demanda interna debería propiciar la desaceleración. Simultáneamente, se lucha para lograr una penetración de los productos nacionales en distintos mercados externos para colocar los excedentes en el mercado externo y evitar una aceleración de los despidos. El incremento del tipo de cambio propició de barrera para las importaciones y para que los productos nacionales sean más baratos, con lo que el camino es el correcto.

Pero el problema es cómo les llega a la gente y a las pymes esas mejoras, cómo se convierte en realidad palpable el cambio, cómo se alcanza una mejora en el bienestar de la gente y cómo se mejora la rentabilidad de las pymes. Y es aquí precisamente donde el Gobierno no ha mostrado signos de mejorar en el corto plazo, o al menos de atenuar los efectos de este cambio.

En este sentido, la semana pasada desde el Gobierno se hicieron anuncios tendientes a paliar el incremento de los precios y de las tarifas de servicios públicos. El anuncio hecho comprende la devolución del IVA para jubilados y pensionados, el relanzamiento del seguro de desempleo y las asignaciones sociales para las personas que están adheridas al monotributo.

Pero a pesar de estas medidas coyunturales paliativas para la demanda, se necesita reforzar fuertemente a las pymes, la oferta, que son el motor de la economía y las más susceptibles a la generación de empleo. En lo que va del año 2016 las ventas minoristas se contrajeron un 2,3% en enero, un 4,5% en febrero y un 5,8% en marzo, según expresa la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Como conclusión, la situación es crítica, a pesar de que se va por el camino correcto en cuanto a las medidas económicas tomadas. No es una situación que vaya a generar la desaparición de las pymes en el país, pero sí es necesario prestar principal atención al sector.

Hoy necesitan cambiar y mejorar su rentabilidad con la finalidad de generar empleo y desarrollo. Hoy el incremento en los servicios públicos aumentó fuertemente los costos de estas empresas y con la posible ley antidespidos no van a poder modificar su planta de personal y tampoco podrán acceder a capitales a tasas de interés bajas para financiarse, lo que sin lugar a duda complica aún más la coyuntura. Se necesita una agenda urgente, que alivie la coyuntura económica y que deje atrás la tormenta que atraviesa el sector.

opinion.infobae.com/mariano-carpineti/2016/05/06/vuelo-con-turbulencia-para-las-pymes/

Sí, es condición necesaria, pero no suficiente

Desde el pasado 10 de diciembre, el Gobierno electo siguió la línea de regresar a la normalidad de la economía y, en este sentido, primero se decidió liberar el cepo, con la finalidad de devolver al mercado cambiario la normalidad que este tenía previamente, y al mismo tiempo se buscó que la economía recuperara la competitividad necesaria para reinsertarse en el mundo.

En segundo lugar, se procedió a la normalización del sector financiero externo y por ello se comenzó a negociar con los holdouts, a fin de volver al mercado financiero. Así, luego de extensas negociaciones políticas y judiciales, se salió al mercado financiero con la expectativa de obtener una cifra cercana a los 15 mil millones de dólares, a través de la colocación de diferentes títulos a tres, cinco, diez y treinta años, con una tasa cercana al ocho por ciento. La sorpresa se dio cuando el mercado respondió rápidamente y ofertaron unos 67 mil millones de dólares, lo que posibilitó bajar la tasa de colocación y terminar en una tasa promedio del 7,50 por ciento.

Ante esta coyuntura, el Gobierno colocó 2.750 millones de dólares a una tasa del 6,50%, con un horizonte de tres años; a cinco años se colocaron 4.500 millones de dólares, con una tasa de 6,87%; a diez años el importe colocado fue de 6.500 millones de dólares, con una tasa de 7,50% y a treinta años se colocaron 2.750 millones de dólares, con una tasa de 7,62 por ciento.

Si bien la tasa es algo inferior a la esperada, es superior a la de países de la región como Chile (tasa promedio del 3,5%), Brasil (promedio de 6,15%) y Perú (promedio del 2,75%), entre otros. Si bien es alta en la región, es muy inferior a la que el mismo mercado pedía el año pasado, cuando la coyuntura económica era otra (arriba del 11%).

Ante estos acontecimientos, esta semana en el Ministerio de Economía era todo optimismo y el mercado financiero local reaccionó positivamente a los acontecimientos. Pero la cuestión de fondo sigue siendo la misma: cómo estos hechos financieros se van a derramar a la economía real y cómo, entre otros problemas, se va a controlar la inflación, bajar el déficit fiscal y reactivar la actividad económica, que sufre una retracción sobre todo en las economías regionales.

Y en este sentido, la semana pasada desde el Gobierno se hicieron anuncios tendientes a paliar el incremento de los precios y de las tarifas de servicios públicos. El anuncio hecho desde la Casa Rosada comprende la devolución del IVA para jubilados y pensionados, el relanzamiento del seguro de desempleo y las asignaciones sociales para las personas que están adheridas al monotributo.

Hoy la caída de la actividad económica es fuerte y se comienza a sentir en la industria y en las economías regionales. El problema es que, hasta el momento, no hay medidas de fondo para restablecer el nivel de actividad y, por lo tanto, no perder puestos de trabajo en el sector privado.

Como conclusión podemos decir que cerrar el problema de los holdouts de cara al futuro era necesario, pero no suficiente. Normalizar y evitar el aislacionismo de los sectores financieros internacionales nos permite obtener fondos a tasas relativamente bajas para financiar obras públicas.

Pero, ojo, porque la oferta de fondos fue buena e histórica, sin embargo, el problema del déficit fiscal aún es importante, con lo que no debemos tentarnos y salir atolondradamente a buscar fondos para financiar el déficit, porque es una solución que ya probamos y sólo logra efectos nocivos.

Un éxito como el obtenido en la colocación es condición necesaria para el futuro económico del país, pero no es suficiente. Se necesita un derrame del sector financiero hacia el sector real de la economía que permita el crecimiento y el desarrollo de las economías regionales. Esto tiene que ser el próximo paso urgente del Gobierno.

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¿Cómo entender la crisis de Brasil?

Brasil, sin duda, es la gran locomotora a nivel económico y tracciona muy fuerte sobre la economía de la República Argentina y de toda América Latina, dados sus acuerdos. Por su parte, Brasil es la novena economía mundial y representa un tercio del PBI de América Latina. Al mismo tiempo, es el PBI más grande del Mercado Común del Sur (Mercosur). Los 202 millones de habitantes imageshacen de Brasil el quinto país más poblado del mundo y una debilidad para empresas multinacionales, que ven al mercado interno de Brasil como su deseo.

Pero el gigante sudamericano está atravesando una fuerte inestabilidad económica y política que se debe a varias razones. Ya en el 2015, el PBI se contrajo un 3,8% y las expectativas para el 2016 son que el PBI vuelva a retroceder en el entorno de los tres puntos porcentuales. Esto marcaría la peor recesión en un cuarto de siglo y la primera vez que el país pasa dos años consecutivos de recesión desde 1930-1931, cuando el mundo sentía los efectos de la Gran Depresión.

Entonces, ¿cuáles son las causas por las cuales la economía está sufriendo? Se puede diferenciar un sinfín de problemas, pero podemos enumerar entre los principales el agotamiento del plan económico, la crisis política que se vive por los casos de corrupción y una crisis de confianza.

En primer lugar, el agotamiento del modelo económico es más que evidente en los últimos años. La economía brasileña tuvo una fuerte expansión que se dio principalmente por el aumento sostenido en el consumo por parte de las familias.

La demanda interna creció en los últimos años como consecuencia de la estimulación del consumo interno, la fortaleza política y la confianza de la gente en que la economía iba por el camino correcto. Al mismo tiempo, los altos precios de los commodities posibilitaron un fuerte ingreso de dólares al país, lo que se traducía en tasas de interés más bajas, préstamos productivos baratos y tasas de inversión razonables.

En la actualidad, la situación es totalmente diferente. El recorte de inversiones y la pérdida de competitividad de la industria por el alza de los costos de producción debilitaron la actividad, lo que llevó al país al actual espiral descendente. De esta forma, diversos economistas de Brasil estiman que se perdieron 1,5 millones de puestos de trabajo formal el año pasado y los datos oficiales del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) indican que el consumo de los hogares brasileños cayó 4% en 2015, después de 11 años seguidos de aumento. Al mismo tiempo, la contracción en la industria brasileña fue de 6,2% y en los servicios, de 2,7% respecto al año anterior. Sólo el sector agropecuario registró un alza de actividad, aunque leve: 1,8 por ciento.

En segundo lugar, la crisis política y los problemas de corrupción son la madre de todas las batallas que tiene que dar la actual administración. La principal causa de corrupción que preocupa al país es el Petrolão, entre Petrobras y la empresa Organización Odebrecht, la compañía de construcción e ingeniería más grande de América Latina. Precisamente, esta semana, su presidente, Marcelo Odebrecht, fue condenado a 19 años de prisión por “el crimen de corrupción que involucró el pago de dádivas de 108 millones de reales y 35 millones de dólares”.

Precisamente, la empresa estatal Petrobras, a raíz del caso, redujo su plan de inversión para los próximos cuatro años por un importe de 32 millones de dólares. Esta reducción en el plan de inversión generó un fuerte impacto en el crecimiento de la economía de Brasil. Cabe recordar que el plan de inversión contemplaba comenzar a explotar las grandes reservas de petróleo halladas en la profundidad del Atlántico.

Pero al mismo tiempo, la firma Organización Odebrecht ejecutaba obras públicas y de infraestructura para los diferentes estados y para el Gobierno central, lo que también repercutió en la desaceleración de la economía.

El último problema es la crisis de confianza que afecta directamente a la demanda de productos, la inversión y a la relación entre Brasil y los mercados internacionales. Un reflejo de esto es la decisión de las calificadoras de riesgo, que desde el año pasado le quitaron a Brasil el grado de inversión, lo que incrementó el costo del fondeo de capitales necesarios para inversiones de infraestructura. La deuda pública bruta de Brasil aumentó en relación con el PIB: llegó a 66% en 2015 y se proyecta que este año seguirá creciendo.

Como conclusión, resta decir que si bien la crisis económica es importante, está basada en la tensión política y la crisis de corrupción, más que por problemas económicos que no sean revertibles rápidamente. De hecho, la situación fiscal rápidamente se podría solucionar si la actual administración consiguiera que el Congreso Federal aprobara alguna reforma fiscal que mejorara la recaudación y aminorara así el déficit fiscal.

Por último, la crisis económica y política es un tema más que importante para la economía argentina; en ningún otro lugar de América Latina la crisis impacta más que en Argentina. Brasil es el primer mercado para las exportaciones argentinas y absorbe un 45% de sus ventas industriales y los envíos argentinos a Brasil cayeron en un 50 por ciento.

Al mismo tiempo, la devaluación del real incrementa la presión sobre el peso argentino, que ya por la propia coyuntura económica interna está retrasado. Si la Argentina quiere en principio corregir o evitar este contagio, deberá buscar medidas que le permitan anticipar y colocar la producción que antes se exportaba a Brasil en otros mercados, con la finalidad de evitar una caída mayor en la actividad industrial.

http://opinion.infobae.com/mariano-carpineti/2016/03/11/como-entender-la-crisis-de-brasil/

¿Quince es el objetivo?

583153_dolar-16-pesosEn los últimos días, el dólar volvió a acaparar la atención de todos en el mercado. Si bien no tuvo grandes sobresaltos durante el primer mes del año, el incremento en el tipo de cambio se intensificó en las últimas horas.

Durante el mes de enero del corriente año y luego de la salida del cepo, el dólar se devaluó aproximadamente un 6%, situación que se aceleró durante febrero, donde hubo un incremento en un 12% debido a diversas causas coyunturales.

Ante el aumento del tipo de cambio, en las últimas horas, el Banco Central (BCRA) comenzó a operar en el mercado con la finalidad de contener el alza. De hecho, tuvo “una posición vendedora de 119 millones de dólares durante el día martes” y, de la misma manera, el día miércoles volvió a operar para empujar al tipo de cambio a la barrera de los 15 pesos por dólar.

Por otra parte, y dentro de la política de realinear los saldos monetarios dentro de los objetivos establecidos, el Banco Central volvió a emitir Lebacs (son letras del BCRA de corto, mediano y largo plazo y que licita la autoridad monetaria todas las semanas) por un importe de 32.849 millones de pesos. Al mismo tiempo, convalidó incrementos de tasas de entre 0,50% y 1%; de esta manera, busca atesorar pesos y mermar la presión sobre el tipo de cambio.

Ahora, ¿quince es el objetivo? Aparentemente sí (hablo de aparente, porque no existe un anuncio oficial de la autoridad monetaria con respecto al tipo de cambio objetivo). De hecho, en los primeros días del mes, el BCRA no se movió con la finalidad de mantener la escalada del dólar (dejó todo en manos del mercado) y recién cuando el tipo de cambio se acercó a la barrera de los 16 pesos por dólar, el BCRA actuó y contuvo la embestida con las medidas anunciadas anteriormente.

El incremento en el tipo de cambio parece haberse frenado y, de hecho, se acerca de nuevo a los 15. Con lo que surge la pregunta sobre si la economía puede funcionar con un tipo de cambio en ese valor.

Ya a un nivel de 13 pesos por dólar teníamos industriales que decían que con ese tipo de cambio no se podía producir, ya que no se encontraba margen de rentabilidad. Esto se hace sentir fuerte en el interior, donde las economías regionales no pueden comercializar sus productos con mínimos márgenes de rentabilidad. Incluso, esto pudo verse hace muy poco, cuando los productores de manzanas del valle de Río Negro preferían tirar las manzanas (aun peor, no recolectarlas de las plantaciones), ya que no dejaba ganancia alguna.

En 15 la cosa no cambia mucho, de hecho, es sólo una corrección del tipo de cambio de apena el 7% y con un incremento de precios fuerte es de esperar que en el corto plazo nos quedemos retrasados rápidamente, si no se corrige el problema inflacionario.

La escalada del dólar a 16 no parece haber sido única, el BCRA sólo reaccionó por una situación coyuntural y momentánea. Es de esperar que si la inflación no corrige su rumbo, el tipo de cambio siga su curso. No creo que el tipo de cambio se incremente rápidamente en los próximos meses, pero seguro va a pasar que veamos microcorrecciones que permitan que no se atrase. De hecho, creo que llegó a 16 para quedarse.

Como conclusión, podemos decir que las claves son dos. La primera y principal es la generación de dólares que permita incrementar las reservas para así mantener el tipo de cambio. Sin dudas, estas reservas se van a generar por las intervenciones del BCRA en el mercado. Las reservas cerraron ayer en 28.857 millones de dólares. Si bien desde diciembre las reservas crecieron como consecuencia de los acuerdos internacionales, en lo que va del año 2016, se perdieron 1.214 millones de dólares.

La segunda y no menos importante es la inflación. Si la inflación acompaña la corrección del tipo de cambio, nos habremos quedado cortos en la corrección rápidamente. Si, por el contrario, la inflación logra ser detenida, sin duda habremos hecho bien la labor.

Yo creo, y aun a costa de desacelerar la economía, que el aumento de las tasas quedó corto y que el incremento no logró secar la plaza de pesos, por lo que, a menos que se tenga otra medida bajo la manga, alcanzamos los 16 y nos vamos a quedar en las cercanías de este número por un tiempo.

http://opinion.infobae.com/mariano-carpineti/2016/02/26/quince-es-el-objetivo/